Leo R.
1/5
He estado considerando vivir allí por las casas que vi en Idealista. Pero, antes de molestar a los propietarios, me di una vuelta por el vecindario… y ya ni me planteé pedir rebaja de precios.
Calles sin asfaltar, sin drenaje, polvo a granel que los coches levantan como si fuera una neblina tóxica: perfecto si lo que buscas es un peeling pulmonar gratuito. Imagina abrir la ventana para “airear la casa” y que el polvo decida redecorar tu salón. Yo me fui con dolor de garganta incluido en la visita.
No sé cómo será de noche, pero con tres perros por casa que ladran hasta al paso de una hormiga, el sueño reparador parece un lujo de otro planeta. Y eso sin contar que cada 30 minutos te sobrevuela un avión: el barrio no descansa de la ciudad, simplemente cambia de tipo de ruido.
Por si fuera poco, al atardecer llegan los mosquitos, versión ejército invasor, y algún vecino que decidió compartir con toda la urbanización su pasión por la música mexicana… a un volumen digno de aeropuerto (que, por cierto, queda bien cerca).